Cómo llegué a conocer a los peces, de Ota Pavel




Esta ilustración aparece en la última página de Cómo llegué a conocer a los peces, del escritor checo Ota Pavel, que ahora publica Sajalín por primera vez en castellano en la versión de Patricia Gonzalo de Jesús. El libro, que Penguin incluyó en su colección de clásicos centroeuropeos, recoge las memorias del autor relacionadas con la pesca y destinadas a hacer cierto el proverbio chino que reza: "si quieres ser feliz una hora, emborráchate; si quieres ser feliz tres días, cásate; pero si quieres ser feliz toda la vida, hazte pescador". La mayoría de recuerdos pertenecen a la infancia en Bustehrad, cuando la forma rutinaria de pasar el rato era salir a pescar junto a los hermanos y bajo la tutela del tío Prosek, "el mejor pescador del mundo". Más tarde la invasión alemana transfigurará ese mundo idílico y dejará solos al Ota Pavel niño y a su madre, después de que el padre y los hermanos sean deportados a campos de concentración junto a muchos otros judíos checos. No obstante, la pesca seguirá durante la invasión, y se prolongará años después, propiciando los momentos que Pavel considerará de mayor felicidad y que tratará de conservar como un tesoro en su memoria.
Ota Pavel dedicó su vida profesional al periodismo deportivo. Llegó a ser muy popular, y conoció y trabó amistad con muchos de los deportistas checos más famosos de la época. En 1964, durante las Olimpiadas de invierno de Austria, Pavel se encontraba en Innsbruck cubriendo el partido en el que la selección de hockey checa ganó la medalla de bronce, un resultado que no cumplía las expectativas del equipo. Tras el partido, Pavel bajó al vestuario y dijo a los jugadores que la tercera posición no estaba tan mal, a lo que uno de ellos respondió "anda y que te gaseen, judío". El impacto de aquella agresión provocó en Pavel los primeros síntomas de la locura que más tarde acabaría con su carrera como periodista. La mayoría de sus obras literarias las escribió durante el periodo de recuperación de la enfermedad, unos años espantosos, según su propio testimonio, en los que sin embargo cultivó obras a menudo líricas, ingenuas y humorísticas, enraizadas en sucesos y personajes reales a los que otorgaba la singularidad que logran los autores clásicos. 
Cómo llegué a conocer a los peces es una de sus obras más populares, y creo que no defraudará a quienes la lean.

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